Teoría: Según la Internacional Situacionista, el Arte había muerto a base de dejarse emplear por intereses bastardos (económicos, políticos...). Había que realizarlo, sacarlo de la miseria en la que se encontraba. Y la mejor forma para conseguirlo era el detournement o desviación. Es decir, apropiarse de elementos culturales ya elaborados y cambiarles el sentido, tergiversarlos. En esta acción, es importante tanto el humor como un poco de rabia (más información, aquí)
Práctica: Hemos intentado hacer un desvío de una imagen de "La Bella Durmiente" pero, lo reconocemos, estábamos imbuidas por el espíritu de San Valentín y nos hemos dejado llevar por el romanticismo.
Una compañera sí ha optado por darle un giro inesperado a la viñeta:
(Si pincháis en las imágenes, se verán más grandes y podréis leer mejor el texto)
Somos un grupo de 13 mujeres y 1 hombre. La mayoría vivimos en El Campico (Alcantarilla, Murcia). Una vez a la semana nos reunimos y charlamos sobre temas diversos. En este blog queremos recoger algunas de estas conversaciones.
jueves, 14 de febrero de 2013
Bodas, bautizos, comuniones. cumpleaños... (autoempleo)
Un grupo de nosotras hemos empezado a realizar pequeños regalos para bodas, bautizos, cumpleaños y fiestas de todo tipo. Os ponemos una foto de unos molinillos que hemos hecho para un cumpleaños:
Si estáis interesados, podéis escribir a grupodemujereselcampico@gmail.com
Si estáis interesados, podéis escribir a grupodemujereselcampico@gmail.com
miércoles, 13 de febrero de 2013
Apodos, motes, pseudónimos, nombres
Como hablamos mucho, quisimos dedicar un tiempo a estudiar el proceso de la comunicación. Recurrimos al esquema clásico:
Nos entretuvimos un poco con el CÓDIGO, en concreto con los insultos y con los apodos.
Aceptamos los insultos y/o palabrotas, tampoco hay más remedio, cuando las dicen otros adultos. Pero hacemos todo lo posible para que nuestros hijos no las usen. Sin embargo, es una cuestión complicada porque parece que cuanto más nos empeñamos en que no las digan, ellos más interés ponen en decirlas. Sabemos que lo más razonable sería ignorarles cuando las emplean pero es más fácil decirlo que hacerlo. Una compañera nos contó un truco muy interesante. Ella intenta darle la vuelta al insulto o que sus hijos usen alternativas más suaves. Por ejemplo: "Hijo de fruta".
Respecto a los apodos, vimos que hay mucha gente que se identifica más con el apodo que usan que con el nombre que les pusieron. En este sentido, nos parece muy injusto que en las cárceles de menores (aunque la terminología oficial no las llame así, es lo que son) no se permita a los chavales usar sus apodos. Nos parece un castigo injustificado, sobre todo teniendo en cuenta lo que decíamos, que muchos de ellos sienten que su identidad depende más del apodo que eligieron que del nombre que les pusieron.
Después, repasamos algunos apodos. Por ejemplo, en El Campico hay muchos chiquillas que se llaman Salvadora pero a todas les decimos Salvorí. A la abuela de una compañera la llamaban Bollera pero no por lo que estáis pensando, es que era panadera y hacía bollos. A una familia que vivió un tiempo en El Campico, la llamaban Los Cepillos; al principio porque eran barrenderos y, luego, porque cepillaban bolsillos ajenos.
Acabamos hablando de los nombre dobles y concluimos que se deben respetar, "es tontería poner dos nombres para usar solo uno o cualquier diminutivo".
Nos entretuvimos un poco con el CÓDIGO, en concreto con los insultos y con los apodos.
Aceptamos los insultos y/o palabrotas, tampoco hay más remedio, cuando las dicen otros adultos. Pero hacemos todo lo posible para que nuestros hijos no las usen. Sin embargo, es una cuestión complicada porque parece que cuanto más nos empeñamos en que no las digan, ellos más interés ponen en decirlas. Sabemos que lo más razonable sería ignorarles cuando las emplean pero es más fácil decirlo que hacerlo. Una compañera nos contó un truco muy interesante. Ella intenta darle la vuelta al insulto o que sus hijos usen alternativas más suaves. Por ejemplo: "Hijo de fruta".
Respecto a los apodos, vimos que hay mucha gente que se identifica más con el apodo que usan que con el nombre que les pusieron. En este sentido, nos parece muy injusto que en las cárceles de menores (aunque la terminología oficial no las llame así, es lo que son) no se permita a los chavales usar sus apodos. Nos parece un castigo injustificado, sobre todo teniendo en cuenta lo que decíamos, que muchos de ellos sienten que su identidad depende más del apodo que eligieron que del nombre que les pusieron.
Después, repasamos algunos apodos. Por ejemplo, en El Campico hay muchos chiquillas que se llaman Salvadora pero a todas les decimos Salvorí. A la abuela de una compañera la llamaban Bollera pero no por lo que estáis pensando, es que era panadera y hacía bollos. A una familia que vivió un tiempo en El Campico, la llamaban Los Cepillos; al principio porque eran barrenderos y, luego, porque cepillaban bolsillos ajenos.
Acabamos hablando de los nombre dobles y concluimos que se deben respetar, "es tontería poner dos nombres para usar solo uno o cualquier diminutivo".
martes, 12 de febrero de 2013
Arroz con costra
Aquí va nuestra segunda receta: arroz con costra.
INGREDIENTES:
1 Kg de magra
Chorizo dulce o picante (según el gusto)
1 pimiento rojo
Tomate de bote natural triturado
Ajo
1/2 Kg de arroz
PREPARACIÓN
El arroz se preparará en una cazuela de barro.
Hacemos el sofrito. Para ello, freímos la carne hasta que esté dorada. La retiramos. Freimos el ajo, el pimiento y el chorizo. Le damos unas cuantas vueltas y añadimos el tomate. Cuando esté listo, añadimos la magra.
Después, añadimos el arroz y le damos un par de vueltas (lo "mareamos"). Añadimos el doble de agua que de arroz y ponemos las especias al gusto (por ejemplo: romero).
Cuando se haya consumido el agua y el arroz esté en su punto, retiramos la cazuela del fuego. Echamos cuatro huevos por encima, tal cual, sin batir ni mezclar, y ponemos la cazuela al horno hasta que el arroz se cuaje.
Sacamos, servimos y comemos.
INGREDIENTES:
1 Kg de magra
Chorizo dulce o picante (según el gusto)
1 pimiento rojo
Tomate de bote natural triturado
Ajo
1/2 Kg de arroz
PREPARACIÓN
El arroz se preparará en una cazuela de barro.
Hacemos el sofrito. Para ello, freímos la carne hasta que esté dorada. La retiramos. Freimos el ajo, el pimiento y el chorizo. Le damos unas cuantas vueltas y añadimos el tomate. Cuando esté listo, añadimos la magra.
Después, añadimos el arroz y le damos un par de vueltas (lo "mareamos"). Añadimos el doble de agua que de arroz y ponemos las especias al gusto (por ejemplo: romero).
Cuando se haya consumido el agua y el arroz esté en su punto, retiramos la cazuela del fuego. Echamos cuatro huevos por encima, tal cual, sin batir ni mezclar, y ponemos la cazuela al horno hasta que el arroz se cuaje.
Sacamos, servimos y comemos.
lunes, 11 de febrero de 2013
Estereotipos y dolor
En nuestros diálogos de los jueves nos dejamos llevar. Es verdad que siempre tenemos temas que tratar pero dejamos que la conversación se balancee y nos lleve adonde quiera. En estos balanceos influye mucho el hecho de que algunas de nosotras seamos gitanas y otras payas. Es algo que no ocultamos, al contrario, hablamos con naturalidad y sin ningún tipo de problema y nos gusta comparar nuestros distintos puntos de vista.
La semana pasada surgió el tema de la pérdida por un dolor querido y nos daba la impresión de que hay formas distintas de expresarlo. Por ejemplo, muchas familias gitanas conservan el luto mientras que la mayoría de las familias castellanas lo han abandonado. También hablamos de que la expresión de ese dolor parece, en ocasiones, más espontánea o intensa entre los gitanos que entre los payos. Sin embargo, dimos por hecho, como no podía ser de otra forma, que el dolor es el mismo, se vista de un color o de otro, llore en voz alta o suspire en silencio.
Una compañera tiene algunas responsabilidades en el culto y eso hace que en momentos de mucho dolor deba buscar palabras de consuelo. Y es una tarea muy complicada porque hay dolores inconsolables. Se diga lo que se diga, será inútil. Expresamos lo incómodas que nos sentimos a la hora de dar el pésame, una ceremonia que nos parece muy forzada. Posiblemente, se trata de una forma de intentar canalizar, de forma ordenada, sentimientos muy fuertes ante los que nos asustamos y ante los que tememos reaccionar de forma inadecuada.
Esto nos llevó a una frase que todavía se dice y que nos molesta. Nos referimos a lo siguiente: Si alguna vez vas conduciendo y atropellas a un crío gitano, no te pares, date a la fuga porque como te pillen, te arreglan, aunque no tengas culpa de nada. La frase es una barbaridad y no tiene nada que ver con nuestra realidad. Es cierto que ante un accidente que implica a seres queridos, la reacción puede ser descontrolada, pero, a pesar de la rabia que se pueda sentir en ese momento, no perderíamos tiempo en peleas, nuestra prioridad sería atender a la persona herida y hacer todo lo posible por mejorar su situación. Como dijo una compañera: "En ese momento estoy con mi dolor y no busco más dolor".
La semana pasada surgió el tema de la pérdida por un dolor querido y nos daba la impresión de que hay formas distintas de expresarlo. Por ejemplo, muchas familias gitanas conservan el luto mientras que la mayoría de las familias castellanas lo han abandonado. También hablamos de que la expresión de ese dolor parece, en ocasiones, más espontánea o intensa entre los gitanos que entre los payos. Sin embargo, dimos por hecho, como no podía ser de otra forma, que el dolor es el mismo, se vista de un color o de otro, llore en voz alta o suspire en silencio.
Una compañera tiene algunas responsabilidades en el culto y eso hace que en momentos de mucho dolor deba buscar palabras de consuelo. Y es una tarea muy complicada porque hay dolores inconsolables. Se diga lo que se diga, será inútil. Expresamos lo incómodas que nos sentimos a la hora de dar el pésame, una ceremonia que nos parece muy forzada. Posiblemente, se trata de una forma de intentar canalizar, de forma ordenada, sentimientos muy fuertes ante los que nos asustamos y ante los que tememos reaccionar de forma inadecuada.
Esto nos llevó a una frase que todavía se dice y que nos molesta. Nos referimos a lo siguiente: Si alguna vez vas conduciendo y atropellas a un crío gitano, no te pares, date a la fuga porque como te pillen, te arreglan, aunque no tengas culpa de nada. La frase es una barbaridad y no tiene nada que ver con nuestra realidad. Es cierto que ante un accidente que implica a seres queridos, la reacción puede ser descontrolada, pero, a pesar de la rabia que se pueda sentir en ese momento, no perderíamos tiempo en peleas, nuestra prioridad sería atender a la persona herida y hacer todo lo posible por mejorar su situación. Como dijo una compañera: "En ese momento estoy con mi dolor y no busco más dolor".
martes, 5 de febrero de 2013
Cuando el amor entra por la puerta, a la pobreza la tiramos por la ventana
Parte de la sesión del jueves pasado, la dedicamos a hablar sobre las necesidades. Primero, intentamos encontrar una definición que nos convenciera. Vimos que una necesidad es la distancia que hay entre la situación real de una persona y la situación ideal para esa persona. De esta manera, el componente subjetivo es muy fuerte a la hora de hablar de necesidades. Es decir, somos cada una de nosotras la que tenemos que definir lo que necesitamos y nadie puede decirlo por nosotras.
Después, echamos un vistazo a la pirámide de necesidades de Maslow. A continuación:
Esta pirámide gradúa las necesidades y lo hace según una jerarquía, un orden, establecido, fijo. Deben atenderse primero las necesidades recogidas en el primer escalón para poder atender adecuadamente las de más arriba. Acudimos a un ejemplo que parece reforzar esta idea y es la historia de los Ik.
El antropólogo Colin Turnbull afirmó haber descubierto un cultura que no amaba. En la década de los setenta del siglo pasado, estuvo un tiempo conviviendo con los Ik, una tribu de cazadores de una árida región montañosa de Uganda. Al poco tiempo de estar con ellos, el antropólogo, horrorizado, proclamó que aquella gente había perdido su capacidad de amar. A tal cosa no se había llegado por casualidad o incapacidad innata de los Ik. El gobierno ugandés les prohibió cazar en el Parque Nacional Kidepo, que forma parte de sus tierras. Eso les supuso quedarse sin su fuente principal de alimento y riqueza. Sólo podían cultivar en campos secos y hueros. Desde entonces, el hambre y la miseria se instaló entre los Ik. Turnbull ilustró el grado de desesperación que el hambre había provocado entre estas personas con muchos ejemplos: abandonaban a los niños a los tres años con la esperanza de que sobrevivieran uniéndose a las bandas de niños, abrían las bocas de los ancianos para quitarles la comida a medio masticar... Tres generaciones después, ya no existía el amor entre ellos.
Tanto la pirámide de Maslow como la interpretación que de los Ik hace Turnbull nos parecen, de entrada, razonables. Pero al darle algunas vueltas, empezamos a encontarle fallos. ¿Qué pasa, por ejemplo, con aquellas personas que tenemos que luchar a diario para conseguir la comida de nuestros hijos, no estamos capacitadas para quererlos lo suficiente? ¿El amor que sentimos por nuestras parejas es de menor calidad que el que siente la gente acomodada? No aceptamos, de ninguna manera, que esto sea así. Es cierto que las complicaciones cotidianas, a veces muy urgentes, dan muchos problemas y nos quitan mucho tiempo y energía. Pero son precisamente esos problemas los que nos hacen tener muy presentes a nuestros "polluelicos". De hecho, pensamos que es el amor, a mitad de pirámide, el que te da fuerzas para atender las necesidades básicas.
La pirámide de Maslow se parece un poco al refrán "Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana". Nosotras preferimos otro refrán, que nos inventamos sobre la marcha: "Cuando el amor entra por la puerta, a la pobreza la tiramos por la ventana".
El tema de las necesidades nos llevó a recuperar una noticia sobre la que ya habíamos debatido. Es esta:
Y aquí el vídeo:
El dinero que se recibe a cambio de un trabajo o la ayuda que se recibe porque corresponde, es una cuestión de derechos. Derechos, dicho sea de paso, atendidos con tacañería. Si recibimos una ayuda, ese dinero es nuestro, por derecho, y lo gastamos según nuestro criterio. ¿Si hemos estado todo el año pasando penurias, no podemos permitirnos un gasto grande según lo que decidamos que necesitamos? ¿Con qué derecho nadie nos dice lo que podemos comprar o no? ¿Esta señora del vídeo tiene televisión de plasma? Como dijo una compañera: "Me lleno mi nevera pero a mi hijo le compro su necesidad".
Después, echamos un vistazo a la pirámide de necesidades de Maslow. A continuación:
Esta pirámide gradúa las necesidades y lo hace según una jerarquía, un orden, establecido, fijo. Deben atenderse primero las necesidades recogidas en el primer escalón para poder atender adecuadamente las de más arriba. Acudimos a un ejemplo que parece reforzar esta idea y es la historia de los Ik.
El antropólogo Colin Turnbull afirmó haber descubierto un cultura que no amaba. En la década de los setenta del siglo pasado, estuvo un tiempo conviviendo con los Ik, una tribu de cazadores de una árida región montañosa de Uganda. Al poco tiempo de estar con ellos, el antropólogo, horrorizado, proclamó que aquella gente había perdido su capacidad de amar. A tal cosa no se había llegado por casualidad o incapacidad innata de los Ik. El gobierno ugandés les prohibió cazar en el Parque Nacional Kidepo, que forma parte de sus tierras. Eso les supuso quedarse sin su fuente principal de alimento y riqueza. Sólo podían cultivar en campos secos y hueros. Desde entonces, el hambre y la miseria se instaló entre los Ik. Turnbull ilustró el grado de desesperación que el hambre había provocado entre estas personas con muchos ejemplos: abandonaban a los niños a los tres años con la esperanza de que sobrevivieran uniéndose a las bandas de niños, abrían las bocas de los ancianos para quitarles la comida a medio masticar... Tres generaciones después, ya no existía el amor entre ellos.
Tanto la pirámide de Maslow como la interpretación que de los Ik hace Turnbull nos parecen, de entrada, razonables. Pero al darle algunas vueltas, empezamos a encontarle fallos. ¿Qué pasa, por ejemplo, con aquellas personas que tenemos que luchar a diario para conseguir la comida de nuestros hijos, no estamos capacitadas para quererlos lo suficiente? ¿El amor que sentimos por nuestras parejas es de menor calidad que el que siente la gente acomodada? No aceptamos, de ninguna manera, que esto sea así. Es cierto que las complicaciones cotidianas, a veces muy urgentes, dan muchos problemas y nos quitan mucho tiempo y energía. Pero son precisamente esos problemas los que nos hacen tener muy presentes a nuestros "polluelicos". De hecho, pensamos que es el amor, a mitad de pirámide, el que te da fuerzas para atender las necesidades básicas.
La pirámide de Maslow se parece un poco al refrán "Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana". Nosotras preferimos otro refrán, que nos inventamos sobre la marcha: "Cuando el amor entra por la puerta, a la pobreza la tiramos por la ventana".
El tema de las necesidades nos llevó a recuperar una noticia sobre la que ya habíamos debatido. Es esta:
Y aquí el vídeo:
El dinero que se recibe a cambio de un trabajo o la ayuda que se recibe porque corresponde, es una cuestión de derechos. Derechos, dicho sea de paso, atendidos con tacañería. Si recibimos una ayuda, ese dinero es nuestro, por derecho, y lo gastamos según nuestro criterio. ¿Si hemos estado todo el año pasando penurias, no podemos permitirnos un gasto grande según lo que decidamos que necesitamos? ¿Con qué derecho nadie nos dice lo que podemos comprar o no? ¿Esta señora del vídeo tiene televisión de plasma? Como dijo una compañera: "Me lleno mi nevera pero a mi hijo le compro su necesidad".
viernes, 1 de febrero de 2013
Las comparaciones son odiosas
En las fiestas del año pasado en Alcantarilla (nuestro municipio), actuó
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